Hola hola, aqui Krilin jugando al escritor por un rato, esta vez para narrarles una bella historia sobre los pequeños Rutalternos y una belleza natural conocida como “Tres Cochinos”.

Sin más preámbulo y entrando en materia de análisis, boom!, imaginen lo más divertido, excitante, emocionante, lúdico, maravilloso  e irreverente que han hecho, evoquen esos momentos donde sintieron que casi se rompen de reir tanto, pues bien, eso es una pequeña parte de lo que significa visitar tres cochinos.

Nuestra aventura nos lleva en esta ocasión a Guerrero, un hermoso estado de gran afluencia turística, pero haciendo honor a nuestro nombre esta vez tomamos la ruta alterna para alejarnos de las diversiones convencionales y descubrir una cueva no muy conocida y menos visitada aunque bastante cerca del tan conocido río subterráneo de Chontacuatlán.

Saliendo de nuestro amado aunque sobrepoblado Estado de México emprendemos el viaje hacia nuestro hermoso destino con una pequeña modificación logística, ya que esta vez en vez de manejar los vehículos los miembros de Rutalterna, se rentó una camioneta a cuyo chofer Oscar quisiera darle una mención especial en esta reseña ya que gracias a él nuestro viaje fue mucho más descansado de lo que normalmente es.

Llegando a nuestro destino es momento de equiparnos para la aventura y ahí viene el segundo cambio respecto a nuestras habituales viajes, ya que esta ocasión en vez que ponernos más ropa, arneses cuerdas y demás equipo, equiparse para Tres Cochinos significa “desnudate y quítate todo lo que no quieras perder” literalmente hablando esta cueva no necesita absolutamente ningún equipo más que casco y lámpara y el conocimiento del lugar, ya que nuestra preciosa cuevita está hecha total y absolutamente de lodo, si, leyeron bien, en esta cueva no encontrarán arena o ni siquiera piedras (salvo una que otra en el pie) todo es lodo, lodo duro, lodo suave, lodo aguado, y mi favorito el lodo “no [email protected] saquenme de aquí!”, en esta hermosa cueva todo comienza como ya mencione por quitarse todo, esto es por dos motivos fundamentales, el primero y más importante es la preservación del lugar ya que esta bellísima cueva no tiene lugares secos para cambiarse o para usar mochilas, todo el tiempo hay que estar en movimiento por lo que no se puede meter equipo ni provisiones para evitar que se queden atrapadas en el lodo y contaminen el lugar, la segunda razón es propiamente el conservar tus bienes ya que el lodo es tan denso en algunas partes que sacar las piernas se vuelve difícil y el calzado, relojes y cualquier objeto puede quedar atrapado y es virtualmente imposible recuperarlo.

Dejando atrás estos detalles técnicos todo el viaje en tres cochinos es completa diversión, es un recorrido hermoso, limpio a pesar de lo contradictorio que suene, el lodo no tiene nada de basura ni restos de otro materiales que no sea exclusivamente tierra y agua, todo el recorrido es increíblemente divertido y nos hace recordar aquella infancia donde estar sucio es lo más divertido que te puede suceder, reír como niño, atrapar al otro y hundirlo en el lodo, aventarse bolas de lodo y una increíble resbaladilla de lodo son algunas de las atracciones que esta cueva nos ofrece.

aparte del recorrido a gatas, a rastras o el medio de locomoción que más te acomode, esta cueva nos lleva a un pequeño “lago” que aunado a la falta de luz se vuelve un espectáculo impresionante ya que da la impresión de nunca acabar, y al cruzarlo nadando nos encontramos con algo que solo tres cochinos podría tener, una colina de lodo, y si dos horas caminando, corriendo en lodo, y arrastrándote y divirtiéndote como todo un pequeñín no te es suficiente es hora de descubrir un tesoro reservado solo para aquellos que se atreven a llegar a lo más profundo de esta cueva y es que en lo alto de esta colina de lodo encontraremos una tradición tácita para todos los visitantes, una invitación a dejar huella en este bello lugar, encontraremos esculturas de lodo, de todos tipos, tamaños y temáticas. Todos pueden dejar su escultura en lo alto de esta colina de lodo y darse un momento para admirar las otras creaciones de los demás aventureros que han dejado esa escultura ahí, inmersa en la obscuridad de las entrañas de la tierra para que solo tu, seas capaz de descubrirla y corresponder al detalle dejando tu escultura para alguien más.

Y es momento de emprender el regreso pero no sin antes comer una deliciosa cecina, o una nieve tradicional o un coco con su carnita y todo.

Sin más novedad que reportar más que una de las experiencias más gratificantes y divertidas de su servidor nos regresamos a nuestro Headquarter exhaustos pero más felices que nunca y dispuestos a llevar a nuestros aventureros las veces que sea necesario.