Era una de las salidas más esperadas por lo que representaba, la primer salida del año con aventureros iniciándose, mucha expectativa, emoción, y energía, se acumuló para dicha salida, un 31 de Enero muy simbólico, y esperado, por todos aquellos que amamos estar allá afuera, en nuestra casa, en el seno de La Madre Naturaleza y bajo su protección. Había aún más emoción de mi parte, ya que iba a compartir esta experiencia, y este cañón, que tanto me apasiona con dos grandes amigas y quise cerciorarme que su primera ocasión fuese inolvidable.

Desperté temprano, 530 horas, la reunión para tomar camino, hacia el cañón, era a las 630 horas. Me alisté y esperé a que llegaran mis amigas en cuestión, Sandra y Ana, justo llegaron en ese orden. Llegamos tarde a Rutalterna, el punto de reunión, pero eso nunca es motivo de desmotivación. Ahí estaba todo mi clan, junto con las otras aventureras que nos acompañarían, la novia de uno de mis camaradas, y su hermana, se hicieron las presentaciones correspondientes y nos pusimos a bajar el equipo y empacarlo en los automóviles correspondientes. Una vez listo todo tomamos rumbo hacia nuestro destino “El Cañón del Paraíso Escondido”. Como es usual, entre los miembros del clan, el viaje consistió en historias legendarias de aventuras pasadas, chascarrillos, bromas, siestas breves y mucha alegría.  Nada como cruzar Pachuca y comenzar a ascender sus montañas, cruzar sus pueblos mineros, y percibir todo el folclor de uno, de los tantos pueblos mágicos de nuestra hermosa Tierra Mexicana. Siguiendo con las costumbres de nuestras salidas, nos detuvimos a degustar un delicioso desayuno compuesto de la comida típica del lugar, en este caso fue una deliciosa barbacoa. Después de la ingesta alimenticia, partimos hacia el cañón con todos los ánimos, actitud y motivación. Llegamos al punto de acercamiento; Un hermoso claro, en medio del bosque, al pie de los peñascos que rodean la zona, el lugar perfecto para montar campamento, el cambiador de los clientes y la zona de maniobras. Nada como la sensación de equiparte previo a entrar a un cañón, es como cuando eres niño y estás sumamente emocionado por hacer algo por primera vez, eso nos sucede en cada ocasión. Caminamos del claro, hasta la entrada de El Paraíso, El Paraíso Escondido, cruzando el bosque, ascendiendo, descendiendo, mirando la vegetación, conectando, compartiendo tantas historias como fuera posible, y por supuesto, admirando las imponentes vistas que hay a los alrededores, todo como una pequeña introducción a lo que aguardaba dentro del cañón. Finalmente, aunque es el principio, llegamos a la entrada del cañón, ahí nos recibe el río, de manera muy amable con unas pequeñas pozas de agua. En esta ocasión, me llamó la atención del hecho que Ramiro, uno de los más experimentados, y mejores, elementos mencionará que al agua daba “toques” a lo que pregunté “¿está tan fría? ¿Cómo que toques?”, acto seguido recibí una invitación a entrar a probar el agua… ¡Sí estaba significativamente más fría que en ocasiones anteriores! Una vez en contacto con el agua, nos adentramos hacia el cañón, siguiendo el cauce del río, las rocas, la maleza, hasta llegar a una cúpula de tamaño medio, que nos dicta que hemos llegado al primer anclaje para montar una línea. Dicho anclaje, por efectos de consideración, lo bordeamos para llegar a nuestro segundo rappel; lo que hizo más emocionante este cañón, para mí, fue que me permitieron ir de punta en el recorrido, y me permitieron “armar” los rapeles para todo el equipo y las aventureras iniciados ¡Eso es un gran honor y un hecho muy simbólico! Después de armar ese primer descenso, comenzaron a descender todos los integrantes del equipo y me resultó muy especial, quedarme a guardar la correcta función de la línea al igual que instruir a las aventureras para subirse a la cuerda, utilizar sus sistemas y las técnicas de descenso. Continuamos el recorrido, íbamos alternándonos como armadores, cada dos anclajes, me tocaba montar la tercer línea y así nos llevamos el cañón, de manera eficiente, rápida, práctica y divertida; Claro está que las aventureras ni en cuenta de estos temas técnicos ya que el propósito para ellas es totalmente recreativo y divertido. Cruzamos el cañón, con descensos cortos de 4 metros, hasta descensos largos de 12 metros, deslizándonos por un tronco, desescalando, empapándonos en el río, y llegando a mi parte favorita del cañón: Dos pozas de agua, suficientemente profundas para que tu cuerpo quede completamente sumergido y si a ello le sumas el agua helada… El resultado es una experiencia completamente renovadora, hasta la última fibra de tu ser. Pasando esas pozas, llegamos al punto donde termina la primer parte del recorrido, y continúa una segunda sección que se llama “La Colorada” sin embargo, las aventureras decidieron que era suficiente adrenalina por ese momento así que ascendimos hacia un claro donde recibimos el abrazo del Sol, comimos, organizamos el equipo, charlamos sobre la experiencia y tomamos camino de vuelta al automóvil. Cabe aclarar que el regreso es la mitad que aún demanda resistencia, energía y demás elementos físicos, que claro, ya no se sienten al haber experimentado tan especial encuentro con La Madre Tierra. Llegamos al auto, organizamos el equipo, nos cambiamos y fuimos a la parte culinaria de la salida, que es ir al mercado de Mineral y comer, como si no hubiese un mañana, huaraches del tamaño de nuestra cara, y cuello, sopes del tamaño similar, quesadillas del tamaño de un antebrazo, y así sucesivamente… Y claro, no podía faltar culminar la salida con un postre, que es un delicioso pan llamado Nube… Su nombre totalmente hace alusión a su sabor. Posteriormente a ello, tomamos rumbo para culminar el viaje en Rutalterna.